Sandra Monfort inaugura el II Ciclo del Festival de Música Contemporánea Nits de Libèl·lula en el jardín de Can Prunera
Sandra Monfort es una sibila moderna. Con su guitarra al hombro y una voz de seda que acaricia el alma ofreció, con desparpajo y sensibilidad, una actuación para el recuerdo. Con ese ardor suave tan característico de los músicos hechos a sí mismos, Sandra inició el concierto en sintonía con el jazmín del jardín. Sutil aroma el de esta flor que ya enamoró a Pedro Salinas cuando escribió:
Estrella blanca de nácar,
guardiana del atardecer,
caricia de plata.
La música de Monfort comparte con el jazmín el embriagador hechizo de los atardeceres de verano en el Mediterráneo. Instantes eternos donde el sonido de las olas del mar nos mece, como si por un momento, pudiéramos volver a la cuna primera que nos vio nacer. Siguiendo esta estela, Sandra adaptó un bellísimo poema de Vicent Andrés Estelles titulado Cançó de bressol publicado en su poemario La Nit de 1956. Una canción de cuna que nos meció a todos como un balandro pacífico anclado en la costa.
Las baladas, canciones de raíz y pasodobles fueron intercalándose con una armonía envidiable. De León a Asturias y de Valencia a Mallorca, todas las canciones seleccionadas por Sandra gozaron del don de la precisión. Incluso los mirlos y las tórtolas, parecieron disfrutar del concierto participando activamente con sus cantos. La sucesión polifónica de Ramo Verde, Solar y la exquisita versión de la obra de New Order, Bizarre Love Triangle, Triángulo de amor bizarro, no hizo sino desencadenar una ola de admiración del público presente.
Y es ahí donde hay que destacar con vehemencia y admiración la sutil mezcolanza de géneros que Sandra supo adaptar a voz, guitarra y… saxo. El saxo sensual de Carles Medina que todo lo permeabiliza con sus notas también irrumpió en el jardín, arrojando tintes bluseros y jazzísticos hermosos. Una delicia para los sentidos. Con Eugenia y su pillería las carcajadas entre el público se sumaron a las notas musicales, acompasadas con la eterna sonrisa de Sandra. Las sonrisas sinceras son también partituras que pueden leerse.
La última canción llegó y con ella las lágrimas de emoción de muchos de nosotros. Moreneta, dedicada a la abuela de Sandra en 2023, nos devolvió a ese origen primordial, donde la vida parecía más sencilla; donde las reinas de la primavera eran las abuelas y nuestras madres, las eternas compañeras de la aurora.
Una sibila cantó en Can Prunera:
Mira, mírala qué guapa ella,
mírala cómo se va,
con la faena hecha,
dejando un rastro de perfume,
de hinojo y laurel.
mírala, qué guapa ella,
más dulce que una flor.
Sandra Monfort es una sibila moderna. Con su guitarra al hombro y una voz de seda que acaricia el alma ofreció, con desparpajo y sensibilidad, una actuación para el recuerdo. La música de Monfort comparte con el jazmín el embriagador hechizo de los atardeceres de verano en el Mediterráneo. Música de raíz, polifónica y rebelde. Nos meció a todos con su alegría.
