Sterlin revive el legado de Leonard Cohen en el jardín de Can Prunera

Ante la atenta mirada de más de 120 personas, Sterlin realizó un ritual musical para recordar las eternas canciones de Leonard Cohen: maestro, mito y leyenda. A Sterlin le gustan los retos, por ello, decidieron honrar a Cohen de una manera muy especial. Realizando un ejercicio de orfebrería melódica con las ya eternas Songs of Love and Hate, Adela Peraita (voz), Stephen Withers (guitarra acústica) y Paco Torres (guitarra eléctrica), convirtieron el inglés sonoro y oscuro de los temas cohenianos en una trabajada traducción al catalán que dejó al público flotando en una ensoñación poética. Una hibridación entre dos lenguas, dos estilos, pero un solo amor: el arte de Leonard.

Profundas y melancólicas, duras como cemento, pero gráciles como golondrinas, las palabras que salían amplificadas gracias a la voz de Adela, llenaron el jardín de Can Prunera. Hay algo especial, casi mágico en este lugar. Ya lo sentimos cuando tocó Magí Garcías y la familia Fiol, con Clara capitaneando el barco de la Música Mediterránea. Volvimos a experimentar de nuevo esa bella sensación de sabernos en el momento y tiempo adecuados. El jardín de Can Prunera se ha convertido, con sutilidad y elegancia, en el sitio de nuestro recreo.

Con Avalanche, allau, buceamos hacia la fábula de la pérdida y el reencuentro, del tormento del amor que lo recubre todo cuando se va, pero que nos da la vida a cambio cuando llega. Un poco más hacia el fondo, cerca del abismo que siempre acecha, llegó Dress Rehearsal Rag, el ensayo de un suicidio, si es eso posible de conseguir. Cuando parecía no haber salida de la oscuridad, Sterlin nos tendió una mano salvadora para, a través de Jeanne of Arc, recordarnos que la esperanza sigue siempre alumbrando el camino. Así nos lo recuerda Cohen:

Vi la gloria en sus ojos.
Durante mucho tiempo he deseado el amor y la luz,
¿Por qué llega tan oscuro, pero, oh, tan brillante?

Mecidos por la maestría técnica de las guitarras de Stephen y Paco llegamos al culmen del concierto. Un colofón medido, sobrio pero poderoso. Dance Me ToThe End of Love, puso el broche de oro a una noche que llego tan rauda que dejó de iluminar el atril con la letra de las canciones de Adela. No pareció un problema para ella. Como una sibila empuñando una espada de luz, asió una de las lámparas utilizadas para ambientar el espacio y nos regaló esa magia que ya posee Can Prunera, la magia de las noches inolvidables. Sombras, sí, pero con una luz tenue, casi de antorcha, para guiarnos por el camino de la vida.

El próximo 20 de septiembre, Alanaire tocará en el jardín de Can Prunera. Laura Serra y Leire Corpas, almas del grupo, transformarán su formación habitual para ofrecernos un idílico momento huidizo y minimalista. A través de los elaborados ritmos y sofisticadas armonías que visten los profundos temas de la banda, nos regalarán su música en un sorprendente y poético formato.

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